Ella entró al bar
saludó a todos
luego me vio a los ojos
me reconoció
Yo era el nombre que él no decía
la que esperaba del lado del silencio en el
[teléfono
que él no contestaba
la que él perdió un día entre sus sábanas
Ella era un nombre que raspaba
un miedo olvidado
la forma antigua de mi rabia
La saludé con un movimiento de cabeza
algún día teníamos que encontrarnos
recrear nuestra historia en silencio
volver a los lugares comunes
explorarnos con disimulo la mirada
las manos / el cuello
esas diferencias que un día nos hicieron puerto
Ella devolvió el saludo sin sorpresa
Sabía que con el tiempo
había llegado a convertirse
en la hija de puta
que después de todo
me había hecho un gran favor
—Vania Vargas en “Cuentos infantiles”