Cuando me diagnosticaron epilepsia, apenas tenía 13 años y jamás imaginé el impacto que esto tendría en mi vida. Debo decir que me sentía avergonzada, frustrada y hasta enojada porque no entendía bien lo que pasaba. No sabía por qué a mí. Ahora entiendo que todo eso que yo sentía se puede evitar informándose de la manera adecuada y hago lo posible para informar a los demás.
Quise encontrar una medida de tiempo justa que no fuesen horas, minutos y segundos, y lo único que encontré fue: el tiempo suficiente.
Suficiente para tenerles un espacio en mi corazón y suficiente para que formen o hayan formado parte de mi vida. También suficiente para que se preocupen por mí y me cuiden en todos los aspectos que “preocuparse” y “cuidar” puedan involucrar.
Hay muchas personas a las cuales quisiera agradecerles, si están leyendo esto, seguramente ustedes son parte de esas personas. Mi familia, mis amigos, mi doctora, mis compañeros de trabajo y cada una de las personas con las que me he relacionado de alguna manera, me han enseñado mucho sobre la tolerancia y el respeto.
Vivir Púrpura es aceptarse, cuidarse e informarse. Vivir Púrpura, también es aceptar a los que vivimos con epilepsia, cuidarnos e informarse para ayudarnos. A lo largo de este proceso, he aprendido que quizá la parte más difícil de recibir este tipo de diagnóstico no es la física, sino la emocional y es allí donde todas las personas que conviven con una persona con epilepsia son vitales. Su apoyo moral y emocional, es una de las partes más importantes de nuestra recuperación.
Gracias, a cada una de las personas que me han dado con su vida un ejemplo de aceptación y tolerancia a las diferencias; por todas las palabras y las acciones que han marcado mi vida; porque me han dado la confianza suficiente para emprender distintos retos; por compartirme sus historias, algunos de ustedes son verdaderos sobrevivientes y me inspiran.
Se puede vivir con epilepsia, siguiendo las instrucciones de nuestro médico podemos llevar una vida completamente normal. No debemos avergonzarnos por ello y tampoco debemos hacer sentir vergüenza a alguien que padece ésta u otra enfermedad.
Gracias a cada una de las personas que ha compartido el tiempo suficiente en mi vida y se ha acercado de esa manera a la “vida púrpura”.
Sigámonos informando y educando. Todo mi cariño para ustedes, siempre.